Unidad Educativa Delfos

atrium_link.png

extranet_link.png

int_top_legend.png

Educar es entrar uno en el mundo del otro

Vivimos en una sociedad que estimula a ser consumista, y prueba de ello, los padres de hoy, dan regalos por todo, celebran fiestas de cumpleaños, compran aparatos electrónicos, ofrecen viajes a sus hijos sin merecerlos; pero existe algo incomparablemente más valioso, algo que todo el dinero del mundo no puede comprar: su ser, su historia, sus experiencias, sus lágrimas, su tiempo, su AMOR.

Los padres que viven en función de dar regalos a sus hijos son recordados por unos momentos. El consumismo aplasta la estabilidad emocional, genera tensión y placeres superficiales. Los padres que se preocupan en dar su historia a los hijos, en contarles de sus aventuras, de sus sueños y de los momentos más alegres o tristes de su existencia, en otras palabras se humanizan, se hacen inolvidables. Transforma la relación con tus hijos en una aventura. Ten conciencia de que educar es entrar uno en el mundo del otro.

Muchos padres trabajan para darles el mundo a sus hijos, pero se olvidan de abrir el libro de su vida ante ellos. Lamentablemente sus hijos sólo los admirarán el día que mueran. ¿Por qué es fundamental para la formación de la personalidad de los hijos que los padres se dejen conocer? Porque ésta es la única manera de educar la emoción y crear vínculos sólidos y profundos. El aprendizaje depende del registro diario de miles de estímulos internos y externos, que se almacenan en la memoria. En los ordenadores, decidimos qué guardar; en la memoria humana, lo que se registra no depende de la voluntad humana. Todas las imágenes que captamos son grabadas automáticamente.

¿Qué guardan tus hijos de ti?, ¿las imágenes negativas o las positivas? Todas. Ellos archivan a diario tus comportamientos, tú forma de ser, tus palabras. No te das cuenta, pero están fotografiando cada momento. Muchos padres dicen cosas maravillosas a sus hijos, pero tienen pésimas conductas delante de ellos: son agresivos, intolerantes. Nuestras agresiones, rechazos pueden crear mucha intensidad emocional en los hijos, dejando cicatrices para siempre.

Si te has equivocado con tu hijo, no basta con ser suave con él en un segundo momento. Peor aún es intentar compensar, dándole cosas. De este modo, él te manipulará pero no te amará.  Aunque trabajes mucho, haz del poco tiempo disponible un gran momento de convivencia con tus hijos. Tus hijos no necesitan dioses, sino seres humanos. Adquiere el hábito de abrir el corazón a tus hijos y dejarlos registrar una imagen de calidad de tu personalidad.

 

 

síguenos en: